Un pescadero rotuló sobre la entrada de su tienda: "Aquí se vende pescado fresco". Pasó un vecino y le dijo: "Es obvio que es ‘aquí', no hace falta escribirlo". Y borró el "aquí". Pasó otro vecino y le dijo: "Es innecesario escribir ‘se vende', ¿acaso regala usted el pescado?" Y borró el "se vende". Y solo quedó "pescado fresco". Sí. Y pasó otro vecino y dijo: "¿Acaso cree que alguien piensa que vende pescado podrido, que escribe ‘fresco'?" Y borró fresco. Ya solo figuraba "pescado". Así es... hasta que otro vecino pasó y le dijo al pescadero: "¿Por qué escribe ‘pescado'? ¿Acaso alguien dudaría de que se vende otra cosa que pescado, con el olor que sale de aquí?
martes, 15 de junio de 2010
LA PRECISIÓN DE LAS PALABRAS
Un pescadero rotuló sobre la entrada de su tienda: "Aquí se vende pescado fresco". Pasó un vecino y le dijo: "Es obvio que es ‘aquí', no hace falta escribirlo". Y borró el "aquí". Pasó otro vecino y le dijo: "Es innecesario escribir ‘se vende', ¿acaso regala usted el pescado?" Y borró el "se vende". Y solo quedó "pescado fresco". Sí. Y pasó otro vecino y dijo: "¿Acaso cree que alguien piensa que vende pescado podrido, que escribe ‘fresco'?" Y borró fresco. Ya solo figuraba "pescado". Así es... hasta que otro vecino pasó y le dijo al pescadero: "¿Por qué escribe ‘pescado'? ¿Acaso alguien dudaría de que se vende otra cosa que pescado, con el olor que sale de aquí?
CUIDA TUS PALABRAS
•Tus palabras son la imagen de ti mismo: de lo que piensas, sientes y haces, y te delatan. Tenlo siempre presente.
•Los demás necesitan la bondad de tus palabras. El otro te siente vivamente en lo que dices y en cómo se lo dices.
•Procura que las palabras que utilices sean respetuosas, amables y justas. Que sirvan para tender puentes, no para levantar muros. Siempre para construir.
•Elige el momento y el lugar más oportuno para hablar. Hazlo siempre con ánimo sereno y si no te controlas, cállate.
•Piensa bien lo que vas a decir y prevé de antemano las posibles consecuencias en los demás del contenido de tus palabras y del tono en que las pronuncias. No te olvides de cómo es esa persona a la que te diriges.
•Habla con tanta sencillez y naturalidad que cualquiera pueda entenderte.
•Hay palabras que hieren con su filo más que una daga y golpean la autoestima con más contundencia que un bastón de hierro. Prométete no recurrir a la violencia verbal.
•Tus palabras pueden convertirse en la mejor carta de presentación y en el más eficaz y convincente argumento.
•Las palabras, si son positivas, afectuosas y llenas de esperanza son una tabla de salvación para muchos.
•Escribe en lugar visible las frases que consideres más bellas y profundas hasta que se hagan realidad en tu vida.
•Hay palabras letales que humillan, deprimen y “matan” el alma. Jamás las pronuncies.
•No olvides que las palabras tienen consecuencias, y sus efectos positivos o negativos vuelven a quien las pronunció
•Tus palabras son la imagen de ti mismo: de lo que piensas, sientes y haces, y te delatan. Tenlo siempre presente.
•Los demás necesitan la bondad de tus palabras. El otro te siente vivamente en lo que dices y en cómo se lo dices.
•Procura que las palabras que utilices sean respetuosas, amables y justas. Que sirvan para tender puentes, no para levantar muros. Siempre para construir.
•Elige el momento y el lugar más oportuno para hablar. Hazlo siempre con ánimo sereno y si no te controlas, cállate.
•Piensa bien lo que vas a decir y prevé de antemano las posibles consecuencias en los demás del contenido de tus palabras y del tono en que las pronuncias. No te olvides de cómo es esa persona a la que te diriges.
•Habla con tanta sencillez y naturalidad que cualquiera pueda entenderte.
•Hay palabras que hieren con su filo más que una daga y golpean la autoestima con más contundencia que un bastón de hierro. Prométete no recurrir a la violencia verbal.
•Tus palabras pueden convertirse en la mejor carta de presentación y en el más eficaz y convincente argumento.
•Las palabras, si son positivas, afectuosas y llenas de esperanza son una tabla de salvación para muchos.
•Escribe en lugar visible las frases que consideres más bellas y profundas hasta que se hagan realidad en tu vida.
•Hay palabras letales que humillan, deprimen y “matan” el alma. Jamás las pronuncies.
•No olvides que las palabras tienen consecuencias, y sus efectos positivos o negativos vuelven a quien las pronunció
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